Pasajes del libro de Bahia Awah "Tiris, rutas literarias". Editorial Ultima Linéa

 Pasajes literarios del libro “Tiris, rutas literarias”. Editorial Última Línea 2016. Enlace compra del libro: Editorial Ultima Linéa libro Tiris, rutas literarias de Bahia Mahmud Awah

 

(…) Las charcas de Edejen también fueron inmortalizadas en otros tiempos, por otros grandes poetas tirseños como الكفي ولد بوسيف Elkafya Uld Buseif, poeta y guerrero de la resistencia anticolonial saharaui de principios del siglo XX. Un personaje de gran envergadura en la historia de la literatura hasaní, conocido por este talaa, que ha sido inmortalizado en la memoria colectiva y  musicalizado por los más prestigiosos clásicos de la música mauritana, Aulad Abba, Aulad Dandani y más tarde Aulad Eida. La solemnidad en estos versos del poeta los ha convertido en uno de los versos más conocidos en la literatura evocativa sobre la tierra de Tiris. Elkafya, que perteneció a la generación del poeta Mohamed Salem Uld Abdalahi, el padre de Badi y de Edjil Uld Sidi Baba, escribió estos conocidos versos:

 

لهروب اللاݣبل الحوݣ                            ام روس المئمون

نختيروهم عن فم زوݣ                        غير الوطي مضمون

خشم ادار و عكل اوكار                  و ݣلب نݣادي و انواودار

دارو في الݣلب الي اند ر                       منهم روحي ممكون

بين الدخن و ݣلب ادمار                      و اجبل ؤخشم الݣرون

 

La evasión es un paso

que antecede al fugitivo.

A los picos de Elmamuna

los prefiero

a la boca del pozo Zug,

sabiendo que mis pasos

están predestinados.

Los picos de Idar,

Akel Aukar,

Galb Engadi y Nuaudar,

albergaron en mi corazón

todo el amor posible.

De ellos mi alma se destierra,

me hallo entre Edejen, Galb Admar,

Ayabel y los picos de Gruna.

 

Se deduce de estos versos que el poeta los escribió en aquellos años de lucha contra las tropas coloniales franco españolas que incursionaban en las fronteras del territorio con sus tropas. La resistencia saharaui había ido perdiendo algunos puntos estratégicos como los montes y el pozo de Zug citado en los versos, y que fue tomado por España en los años cuarenta. Y al nombrar Rus Elmamuna, el poeta dejó claro que se encontraba en esos lugares que estaban bajo su control y en los que gozaba libertad, lejos del pozo Zug tomado por las harkas coloniales. 

 

Se cuenta acerca de estos versos que el clásico Abdalahi Uld Mohamed Salem, padre de Badi, al oírlos, respondió en defensa de Zug con estos extractos de los que pude recoger algunos hemistiquios incompletos que me facilitó de memoria el poeta Bunana Uld Buseif. Abdalahi Uld Mohamed Salem, cuando salió en defensa del pozo Zug y sus montes, sólo quiso dejar claro que son parte de la patria usurpada y que no tienen culpa de que alguien hubiera sido desterrado de ellos. La intención del poeta quedó registrada en estos extractos de un largo poema con el que reaccionó para defender este lugar del territorio. Sobre este poema existe una versión que lo atribuye al poeta tirseño Ahmed Salem Uld Dah. Sin embargo cobra más fuerza para mí la primera fuente que tuve, el poeta Bunana Uld Buseif, quien me cofirmó que era del clásico de Tiris Abdelahe Uld Mohamed Salem.

 

يلعݣل الى تم الݣواد                    اݣودك و السواݣ اسوݣ

الى زوݣ اݣد افطن زاد             اݣودك و اسوﯖك عن زوݣ

زوݣ ارانك ماكنت اتجيه            و جيت و الدوݣج مالك بيه

لعد و جيت و الاخليه                   لسرب ماه ابشى ملسوݣ

الى تميت انت بديه                     من فݣدك لترابك ملحوݣ

ذاك اشقادي لدوݣج فيه                 اثر و اشقادي فيه الزوݣ

 

Tú hombre, si Dios sigue

supeditando tus pasos

y en sus manos tus riendas

hacia los caminos de Zug,

también puede que te lleve

o te destierre de Zug.

 

Antes tú no frecuentabas Zug

y esta vez lo has visitado.

A Duguech, tanto tiempo sin verlo,

esta vez déjalo bien limpio

y no salpiques a los guerreros.

 

Si a ti te siguen atormentando

recuerdos de tu tierra,

esto poco le aflige a Duguech,

y tampoco le inquieta a Zug.

 

(…) pasajes del libro “Tiris, rutas literarias”.

 

En homenaje a la antropóloga nativa y militante saharaui Bad Mint Ahmed Uld Ali Salem Uld Elmaki. Por Bahia MH Awah

A principios de febrero de 1976, poco antes de la proclamación de la República Saharaui el 27 de febrero, durante el éxodo por la invasión marroquí al territorio, llegué a la localidad saharaui de Um Draiga huyendo de mi pueblo Auserd, que había sido tomado por el ejército de Mauritania en la época del presidente Moukhtar Oul Dadah. Tenía quince años y ya me había separado de la familia en noviembre de 1975. La guerra de ocupación en el Sahara acababa de entrar en sus primeras semanas con las incursiones del ejército marroquí por el norte y Mauritania por el sur. Circunstancias que me unieron casualmente en los primeros flujos del éxodo a la familia de Ahel Slama Uld Nafi, con los que comparto lazos familiares y por su estrecha amistad con mis padres.

En nuestro camino hacia las fronteras de Argelia acampamos en las cercanías de los montes de Um Draiga, a pocos kilómetros al sur del monte Ziza y Aglab El Camun. Mientras allí esperábamos aprovisionamiento de gasoil para el coche Land Rover que tenía la familia y continuar nuestro camino, mi amigo Labat y yo decidimos ir al campamento de Um Draiga, donde Jlil el hermano mayor de Labat ayudaba como sanitario en el dispensario. En ese mujayam[1] alguien que me identificó me comentó que estaba la familia de Ahel Madi. Preguntamos por ellos y algún responsable nos indicó dos jaimas que estaban arrimadas a la falda del monte. Intentaban camuflarse en un cauce de rio seco por miedo a la aviación marroquí, que ya había realizado el 18 de febrero su primer bombardeo a aquellos asentamientos intermedios en el camino hacia el éxodo de Argelia. Aquel día del bombardeo Jlil, Labat y yo nos encontrábamos en uno de los pozos de Um Draiga aprovisionándonos de agua para la familia.

Labat y yo nos presentamos por la tarde ante las dos jaimas, una tradicional, negra, muy amplia, que albergaba a la familia. Allí se encontraba una mujer de profunda mirada y extraordinaria belleza de ébano, que se levantó para recibirnos y darnos la bienvenida, sin identificar a ninguno de nosotros. El marido de Bad, el desaparecido Madi Uld El Bujari, era hermano de mi abuela materna; todos ellos están hoy ya fallecidos en el exilio de Argelia. Nunca había estado con ellos ni ellos me conocían en persona. Y mi presencia ante Bad en aquellas circunstancias era confusa, yo era un niño en medio de una guerra y separado de mi familia a los que había dejado muy lejos.

Mientras nos saludábamos, le dije que era el hijo de Ahel Awah, y en seguida me reconoció y se dirigió a su marido para situarle sobre quién era yo. Al terminar su amable saludo y atención, Bad nos invitó a entrar y a acomodarnos en el regazo de la confortable jaima, donde varios de sus hijos entraban y salían trayendo dos braseros de carbón para el té y al mismo tiempo en el exterior alimentaban una hoguera que ardía a la entrada de la jaima. El marido de Bad era un hombre de una constitución física corpulenta,  frisaba los sesenta años, ella parecía mucho más joven que él. Mientras se interesaba en el porqué de nuestra presencia, preguntando por mi familia y cómo yo había llegado hasta allí en solitario, su marido Madi salía y entraba, ordenando a los hijos algunas tareas. Si no recuerdo mal, creo que enfrente de la jaima había un pequeño ganado de cabras y ovejas acurrucado.

Bad, tras escuchar mi periplo desde que mi madre me indicó que huyera del campamento hasta llegar allí, me propuso quedarme con ellos para cuidar de mí en aquellas dramáticas circunstancias. Lo agradecí pero le expliqué que estaba bien con la familia que me había acogido en el camino, Ahel Slama. Aquella noche Labat y yo pernoctamos con ellos y al día siguiente partimos a pie de regreso a la familia que habíamos dejado en las cercanías de Ziza, a unos treinta kilómetros aproximadamente de allí. Días después, el 20 y el 23 de febrero, el campamento de Ahel Madi en Um Draiga donde habíamos estado fue bombardeado por aviones marroquíes de nuevo. Entonces fue cuando el Polisario comenzó a organizar la evacuación de las primeras oleadas de civiles en convoyes hacia las fronteras de Argelia. Un contacto de la organización avisó a la familia Slama para unirse al día siguiente a aquellos convoyes que dirigía Dadi Uld Mohamed El Hosein, alias Pegaso, un conocido dirigente del Frente Polisario, caído en combate años después. Al siguiente día nos unimos a las caravanas de camiones que ya estaban en marcha, camino al exilio. Ya casi de noche, en una parada en el camino para pernoctar en la localidad de Guelta Zemur, de nuevo me encontré con Bad y toda su familia encaramados en un camión Berliet GBC repleto de familias, que llevaba en las puertas el rótulo “Media Luna Roja Saharaui”. De nuevo se interesó por mi situación, preguntándome por mi salud y si me encontraba bien en medio de aquel caos. Nuestro convoy partió al día siguiente y no volvimos a saber uno del otro hasta pasadas varias semanas, cuando nos encontramos en un campamento en Rabuni llamado Naser, Campamento de la Victoria, en los primeros asentamientos de refugiados. Yo ya estaba internado en la dajililla[2] de Rabuni con chavales que habían llegado al exilio sin su familia y otros que sí estaban con las suyas. Los viernes no dábamos clase y los aprovechaba para visitar a la familia de Bad en dawair[3] de Rabuni, así empecé a relacionarme más con todos ellos.

En aquellos primeros años la organización de los asentamientos era la ardua tarea que le había correspondido desempeñar a las mujeres, porque todos los hombres estaban en los frentes de combate. Entre aquellas militantes atareadas recuerdo que estaba aquella inagotable y entregada Bad y otras mujeres como Ljadra Mint Mabruk, Toufa Mint Saleh, Hafsa Mint Hud y muchas otras más en aquel histórico campamento que llamaban Mujayam Naser. Bad desbordaba activismo en el consejo político del campamento, en las primeras estructuras de la organización de los asentamientos, en la atención y recibimiento de los refugiados que llegaban exhaustos y  confusos en su nueva situación, en la distribución de las ayudas descargando camiones,  en los congresos populares que entonces se celebraban y las actividades de la organización de las mujeres. Poco tiempo estuve en aquellos internados de Rabuni, y dejé de ir al campamento Naser porque la organización del Frente Polisario me envió con otros estudiantes a internados en la gélida ciudad argelina de Mecheria, donde cursábamos la secundaria y el bachillerato. 

El pasado 15 de mayo el pueblo saharaui perdió a esa insignia que fue Bad Mint Ahmed Uld Ali Salem, uno de los testigos más importantes del patrimonio cultural saharaui. Nos dejó, tras pasar cuarenta y un años de exilio en Argelia, a raíz de la invasión marroquí al territorio en 1976.

Ilustrada, de reconocimiento social, nacida en 1936 en la ciudad costera saharaui de Bojador en el seno de la familia Ahel Yara, conocida por su excelencia en la oralidad y dominio de la cultural y literatura hasaní en general. Fue una de las mujeres referentes en estos últimos cuarenta años del proceso de evolución y consolidación de la cultura material e inmaterial saharaui. Era una antropóloga, socióloga e historiadora, de esas que la antropología llama antropólogas “nativas”. No tuvo estudios más que lo que aprendió de niña en el seno de su familia nómada, de excelentes poetas y oradores. Luchó activamente por el patrimonio cultural saharaui hasta que el largo exilio y sus consecuencias le vencieron a los ochenta y un años de edad.

El pensador revolucionario argelino-martiniqués, Frantz Fanon, decía que “Luchar por la cultura nacional es, en primer lugar, luchar por la liberación de la nación, matriz material a partir de la cual resulta posible la cultura”. Bad, con el bagaje cultural que trajo consigo al destierro, compaginó su activismo en el exilio con el frente cultural diplomático exterior saharaui. Y lo hizo en sus primeras charlas y exposiciones con objetos de la antropología saharaui, que inauguraron las actividades del comienzo de relaciones diplomáticas con Madagascar, tras su reconocimiento a la República Saharaui en 1976. Se afilió en las primeras células de organización política del Frente Polisario en la localidad de Um Draiga de la mano de militante Ergueibi Uld Sahel, quien entonces formaba parte de las Tropas Nómadas del Ejército de la metrópoli. Trabajó como concejala de protección social y en asuntos políticos de la daira de Naser, más tarde Bucraa. En los años ochenta recaló en Europa con un museo itinerante de objetos de antropología saharaui, que fueron exhibidos por el Museo de Antropología, en el barrio de Atocha en Madrid, Con la misma muestra viajó a Roma, con ocasión de su hermanamiento con la wilaya de El Aaiun. Sostuvo el cargo de Secretaria General de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis en la daira de Bucraa, fue miembro del Buró Regional de la Unión Nacional de Mujeres Saharaui en la wilaya de El Aaiun. En 1996 formó parte de la ejecutiva que presidió los trabajos de III Congreso de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis. Fue galardonada por la UJSario por organizar y coordinar la campaña de alfabetización llevada por los estudiantes en los campamentos.

En 2013, junto a los profesores de antropología de la Universidad Autónoma de Madrid Juan Carlos Gimeno y Juan Ignacio Robles, siguiendo el rastro que dejó aquella muestra de antropología que llevó Bad a Madrid, la visitamos en su jaima en la daira de Bucraa, con el propósito de saber más sobre aquel viaje a Europa y su muestra itinerante. El antropólogo Juan Carlos Gimeno pensaba que se podía retomar para una exposición que se preparaba en Dallas, a fin de dar a conocer el problema del Sahara Occidental en Estados Unidos. A pesar de la lucidez de Bad, recuerdo que cuando le abrimos el catálogo que recogía los géneros de toda aquella muestra para situarnos en cómo se organizó su recolecta, nos dijo: “Os advierto, que mi memoria últimamente me está fallando con los detalles”. Tomamos un distendido té con ella en compañía de dos de sus hijos, Abadalahi y Maglaha. También nos acompañaba mi hermana mayor Nana, directora de protocolo en la daira de Hagunia, quien días antes nos coordinó el encuentro. En aquella charla nos quedamos maravillados por la forma en que Bad nos relató la importancia de ese trabajo que organizó recopilando con mucho esfuerzo los objetos. Nos habló de manera muy extendida sobre el legado cultural saharaui y su importancia en acompañar, retroalimentar y consolidar el proceso de liberación saharaui sobre el que Bad decía “(…) Sin ese patrimonio cultural el pueblo saharaui no puede existir, porque éste le da identidad y explica su pasado. Hay muchos pueblos que no nos conocían, pero cuando vieron exposiciones de nuestra cultura, enseguida se dieron cuenta y empezaron a identificarnos y simpatizar con nuestra causa”.  “(…) Gracias a nuestra cultura hoy en día se habla del pueblo saharaui en todo el mundo”. “(…) Enorme es mi agradecimiento a estos investigadores que vienen de lejos, volcados en la historia saharaui y por su interés en mi persona y trabajo”. “(…) El pueblo saharaui tiene una larga y rica historia por la que nunca podrá ser ignorado en el mundo, y a nosotros los saharauis no nos pueden diluir ni exterminar, porque nuestra identidad e historia son claras, brillantes y más contundentes cuando se exhiben en cualquier parte del mundo”. “(…) Nuestros grupos musicales han ido a remotos lugares para dar a conocer nuestra historia, exhibiendo nuestra vestimenta, nuestra música, nuestra danza, sin que nos confundan o identifiquen como marroquíes”. “(…) Nosotros y los marroquíes somos dos pueblos culturalmente opuestos”. “(…) Un marroquí vistiendo una darraa[4] saharaui es como una cría de camella recién nacida que todavía no sabe caminar, tambaleándose malamente de un lado a otro; sin embargo un saharaui con su darraá es todo elegancia”.

El antropólogo, en su amplia y compleja función que tiende siempre a buscar más allá de lo que comúnmente sabemos de nuestra cultura y sus grupos humanos, es aquel que con su aporte de sabiduría conoce nuestra procedencia cultural, su proyección, y qué es lo que debemos aportar para coexistir pacíficamente y para promover un mejor futuro, rico en valores morales y espirituales. Así lo hizo esta mujer antropóloga nativa saharaui, Bad Mint Ahmed Uld Ali Salem Uld Elmeki, con cuya marcha hemos perdido una enciclopedia humana oral, de enorme conocimiento, que no hemos podido registrar todo lo que hubiéramos querido por las injustas circunstancias del exilio.  


[1] Campamento

[2] Primer internado de niños excavado bajo tierra en Rabuni. Se provisionó por miedo a los posibles bombardeos de la aviación marroquí en el extremo caso de irrumpieran en el interior de las fronteras de Argelia.

[3] Plural de daira, pequeños asentamientos de familias que fueron acogidas alrededor de Rabuni.

[4] Vestimenta tradicional del hombre saharaui y mauritano.

Pasajes históricos de mi libro “Tiris, rutas literarias” de la Editorial Ultima Línea, 2016. El verso, su historia y los legendarios anticoloniales saharauis y mauritanos.

(…)

Uno de los detonantes que hicieron que Sidahmed Uld Ahmed El Aida optara por abandonar su tierra y se incorporara a la lucha anticolonial de los saharauis habían sido dos talaa, dos poemas, que escribió el poeta y guerrero Edjil Uld Sidi Baba Uld Beniug. El emir recibió la carta que Edjil encargó hacerle llegar a través de un saharaui que hizo de emisario, llamado Sneid Uld El Garadi. Y, según Mohamed Salem Uld Abdelmayid, Sneid era sobrino de Awah, Mohamed El Alem Uld Abdelaziz Uld Abiay, mi bisabuelo paterno. Sidahmed Uld Ahmed El Aida pidió que se leyera el poema ante los miembros del emirato de Adrar cuando se encontraban reunidos. Un notable sentado muy cerca del emir, que era afín a los franceses, contestó al descifrar el mensaje del poema:

– A la persona que ha escrito este poema habría que cortarle la lengua. 

Sidahmed Uld Aida respondió a todos los notables de su emirato haciendo esta pregunta:

– ¿Sabéis cómo cortarle la lengua a esta persona?

Y los notables del emirato respondieron con el silencio, para que el emir y poeta diera la respuesta más contundente y a la vez sorprendente. Entonces el emir contestó:

– Para cortarle la lengua, recoged vuestras jaimas y acampad junto a él.

(…)

Este episodio de la historia del compromiso y lealtad en la vida de ese histórico anticolonial emir mauritano, me lleva a pensar en lo opuesto. El expresidente y secretario general de la Partido Socialista Obrero Español ante los saharauis en 1976 se comprometió “con la historia que estaría a su lado en justa lucha hasta la libertad”.

Poco tiempo después al llegar al poder traicionó sus palabras y su compromiso con los saharauis y con la historia. Reza el proverbio saharaui "No os prometo, me comprometo ante la historia al deciros que el PSOE estará con vosotros hasta la victoria final". Es para comparar dos opuestos sujetos cada uno la historia le dio su merecido. El histórico compromiso del emir Sidahmed Uld Aida con los saharauis y la felonía de Felipe González.  

El exilio y el "Verso expatriado" de la erudita y poeta saharaui Jadiyetu Mint Omar Ali Embarec Fal como las "narraciones expatriados" de Edward Said

El Verso expatriado de la erudita y poeta Jadiyetu Mint Omar Uld Ali, la erudita anónima saharaui

A menudo cuando recordamos nuestras vivencias del exilio o la de otros personajes que de una u otra manera pasaron desapercibidos con sus reflexiones literarias conmovidos por las extrañas circunstancias del destierro o el exilio. Recordándolos siempre nos viene a la mente el pensamiento del intelectual palestino-estadounidense Edward Said.  En la misma sensación producida por el exilio mi madre desde su definitivo destierro en Argelia que empezó desde 1979 hasta su fallecimiento en 2006 reflexionaba en verso sobre la lejanía y la condición de desterrada en estos versos: “Oh corazón, /basta ya de aguantar /y no dejas de resistir”.

“Said hizo su reflexión sobre el exilio desde la ciudad de Nueva York y decía: “allí llegaban los irlandeses, italianos, judíos no judíos del este de Europa, africanos, caribeños, y gentes del Próximo o Lejano Oriente”.  Este repertorio de gentes según Said causó lo que él llamó en su obra Orientalismo “narraciones expatriadas”.

Mi madre Jadiyetu Embarec Fal a diferencia en genero de Said, también ella escribió reflexionando en “versos expatriados”, como estos que reproduzco y que compuso en 2003 acampada por primera vez y en circunstancias limitadas en tiempo con su jaima en una parte de los territorios liberados saharauis.  Estuvo dos meses sintiendo la libertad lejos de las desgarradoras condiciones del exilio en un monte llamado Gleib Eshaar, “El monte de la Lana”, lugar de la geografía del territorio saharaui situado en la región de Zemur.

 

متارك كافي يلعكل امن اصبر                 منو مانك

تمشي من عند اكليب اشعر      شوراخيام اهل امبارك

 

Oh corazón,

basta ya de aguantar

y no dejas de resistir.

Libre transitas

entre el monte Gleib Eshaar

y las jaimas de Ahel Embarec.

 

الطافلات الجاونا                    من منطقتنا و الهاونا

بيهم ياالله اتزدنا                         بكهولتنا و اشبابنا

 و الرجوع المواطنا                                        

 

Mozas nos visitan

desde la patria Oeste

Y nos alegran el ama.

Dios de su ejemplo

da a nuestros ancianos

da a nuestros jóvenes

y Dios que pronto retornaremos

a nuestra patria.

 

 

 

 

La tiranía del exilio y la ocupación foránea

Mis años de exilio en Argelia, trabajando en la Radio Nacional Saharaui en los Campamentos de Tinduf, 1999

La condición y consecuencias del exilio desde las circunstancias personales, pensando en mi caso como oriundo del Sahara Occidental, se viven y se sienten no solamente por el hecho del destierro del lugar de origen o del pueblo natal. Estas dos categorías, condición y consecuencias del exilio, son producto del desenlace forzoso y que el desterrado va experimentando más allá de su dimensión humana. El exilio yo lo he sentido con perplejidad en mis primeros años de adolescencia y ahora lo siento como un doloroso desgarro que me priva armar y actualizar constantemente mi cerebro con pequeñas cosas sencillas de la cotidianeidad cultural y social. Priva de observar, tocar, sentir, disfrutar y reflexionar sobre la metamorfosis social en sus pequeños detalles que vamos experimentando, desde el calor y educación de la familia a lo que uno va absorbiendo y aprendiendo de progresos en su mundo social y cultural.

Ahora, en mi caso y creo que en el de la generación que compartió conmigo los últimos cinco años del periodo colonial español y luego los 42 años de exilio, aún sentimos un enorme hueco en nuestras almas que antes rebosaban de muchas cosas de la tierra, desde giros lingüísticos, nombres de personajes de nuestra historia, leyendas literarias, gestas y epopeyas del proceso precolonial de los gazi[1] que protagonizaron nuestros abuelos y bisabuelos. Hoy, la esencia original de los registros diarios que hablamos no es como antes.

Los profundos indicios de la historia que ocupaba nuestro mundo hasaní beduino, el exilio y el conflicto los han ido erosionando y salpicando de impudicias y nocivos residuos de la cultura de la ocupación. Hasta incluso la distorsión fonética de la lengua que van sufriendo las nuevas generaciones sometidas bajo las reglas de imposición educativa del doble tirano, el exilio y el ocupante agresor. Entonces, sin descolonizar la mente y educación usurpadas, nunca nos libraremos de las consecuencias de la tiranía del exilio y la ocupación foránea...

  

Desde el exilio aún te escribo versos.

Pero Tiris tú eres

la beduina

que alimenta

mi existencia,

la fuente de mis sueños,

gurratu aini[2] .

Te prometo

que por esta ciudad

no te dejaré.

Por ahora,

mi exilio está en la hermosa

Madrid

y mi vuelta está en ti,

Oh Tiris, mi gurratu aini.

 

Sin embargo, vamos a buscar el lado bueno en los infortunios del exilio, el destierro y el refugio. Se trata de esa dinamización constante, crítica, reflexiva y de compromiso intelectual individual, que consagramos y con la que nos armamos para recuperar el espacio humano, cultural y de pensamiento que nos han truncado.

Pensando en las preeminencias de esta categoría “exilio” se produjo el pensamiento del gandhismo en la Sudáfrica del Apartheid, el pensamiento crítico del orientalismo de Edward Said en los Estados Unidos. Y ahora en sus cimientos los primeros brotes del surgimiento de  una literatura saharaui de exilio escrita en español y en hasania se rearman como frente de lucha de resistencia pacífica contra la tiranía del exilio y la ocupación foránea que padece una parte de nuestro pueblo. Con estas excepciones hemos despertado la atención de muchos antropólogos y lingüísticas del mundo académico e hispano en general.  


[1] Guerreros anticoloniales saharauis que representaban el brazo armado y de ley del Estado Pantribal Precolonial Saharaui, Dawlatu Albadia y su asamblea política Eid Arbaiin.

[2] La niña de mis ojos, lo más querido y apreciado, las gotas que humedecen los ojos en el sentido de llorar o reír por amor.

Son las imagenes de la historia y las cosas de la cotidianeidad que la tiranía del exilio y la ocupación nos deja perder Ruinas de la histórica ciudad cultural saharaui y su alcazaba y mezquita de Smara

Uno de los poemas en hasania más hermoso en la literatura evocativa a lugares de patria saharaui. Del gran poeta tierseño Mohamed Lamin U. Mohamed U. Addi. Pasajes de mi libro "Tiris, rutas literarias".  

(…) Antes de dejar el lugar miré el monte الدوݣج Duguech, que tantas veces oí mencionado en mucha poesía y cantado en la música clásica del haul hasaní, y fui consciente de que en ese momento lo estaba contemplando muy cerca, a unos cientos de metros de mí. Mi memoria en aquel instante me llevó a recordar un poema del que desconocía el nombre de su autor hasta que me lo reveló Mohamed Salem Uld Abdelmayid. Se trataba de Mohamed Lamin Uld Mohamed Uld Addi, un ilustre caballero y poeta tirseño, un grande de las letras saharaui del siglo XX, padre del dirigente saharaui Mohamed Uld Addi, que canta en un hermoso talaa varios montes, como el majestuoso Duguech y otro en las cercanías de éste de nombre Iyiblan, también con frecuencia muy señalado en la poesía de los clásicos tirseños.

 

نݣل و الݣمݣوم و لورين             وأم اݣرين و بئر أم اݣرين

و اسبيع آجي و تراسين              و السبخ و ارݣاب إشرݣان

أم اعبان و أم ارويسين                  هذوا زينين ازين الكان

يغير انا ذى باط اوتوف                   مايزيان و لا مايزيان

عند شي دون انشوف            انشوف الدوݣج و انشو اجبلان

 

Nagaal, Elgamgum y Lurein,

Um Grain y Bir Um Grain,

Sbeií Ayay y Tirasin,

la salina, Ergab Ishirgan,

Um Aabana y Um Rueisein.

Todos, de pasada belleza,

pero a mí con franqueza, 

nada me complace que no fuera

contemplar a Duguech y ver a Iyiblan.

 

(…) pasajes de mi libro “Tiris, rutas literarias” Editoral Ultima Línea 2016

 

Pasajes de mi libro “Tiris, rutas literarias” de la Editorial Última Línea. Obra de ensayo, literatura, antropología e historia del Sahara Occidental

 

(…) Al final de nuestro viaje compartimos con el poeta y erudito Badi Mohamed Salem Abdalahe un té en su jaima del exilio. Y en el diálogo que nos llevó a Tiris y sus peculiaridades nos  definió esta región como un paraíso partiendo de su especial belleza y los conocimientos del poeta acerca de la geografía de este territorio saharaui. “Si existiera el paraíso el día del juicio final, éste estará entre los montes de Auserd, Leyuad, Leshuaf, Amat Larfaad y toda esta zona de Tiris”.

 

En 1886 el catedrático Francisco Quiroga y expedicionario español, quien junto al capitán de ingenieros Julio Cervera, realizó una histórica expedición de investigación colonial. A su paso por Tiris, al llegar a los montes de Auserd y asomarse en el interior del milenario pozo que lleva el mismo nombre escribió, “como ejemplo de buenos pozos está El Hassi-Ausert, de excelente agua fresca;… revestido de piedras semilabradas. Cervera lo considera como un monumento del desierto”.

El libro se puede adquirir en la siguiente web de la editorial Última Linea: http://www.ultimalinea.es/awah-bahia/46-tiris-ritas-lirarias.html

Pinceladas del verso saharaui en hasania. En homenaje a la poeta y erudita tirseña (Detu): Jadiyetu  Mint Omar Uld Ali Uld Embarec Fal.

Nota la imagen del mapa es de la web la mili en el Sahara; las siguientes son el monte Besfi, Duguech, lugar donde nació mi padre Mahmud Awah y la de las dunas abajo son del arqueologo vasco Andoni Buruaga.

 

Tiris fue la fecunda tierra del saber y los sabios, un paraíso y una fuente inagotable de inspiración para el el excelso poeta, el buen pastor, el buscador de aguas, el buscador de camellos. Fue el espacio de  los hombres que amaban la mágica naturaleza del mejor de los rincones del Sahara Occidental.

 

Nadie imagina que esta tierra fue en su día escenario de encuentros de prestigiosos sabios, poetas saharauis y mauritanos. También fue el plácido y eterno refugio de muchos que en paz descansan en ella como Emhamed Uld Tolba, Mohamed Elmami, Mohamed Uld Mohamed Salem, Ali Uld Mayara, Elkafya Uld Buseif, Mohamed Laali Uld Ehueidi, Mohamed Lamin U. Mohamed U. Abdalahi, Ahmed Uld Ahmed Merhba entre otros muchos… la espléndida región donde se fundó la madrasa de Mohamed Uld Mohamed Salem en la colina Steilet Uld Bugrein, considerada en su día la primera universidad saharaui itinerante. En ella fecundó la obra "Qitab Albadia" de Chej M. Elmami y en ella esparció Uld Tolba los más sonados versos de canto a Tiris. 

 

Tiris fue y sigue siendo por su naturaleza una geografía que inspiró a muchos poetas, eruditos, guerreros anticoloniales y caballeros de la badia saharaui. Es novia y musa del verbo en su esplendor. 

 

Los versos que siguen parten de un largo talaa[1] que a continuación reproduzco. Su telúrico verso, de exaltación a los más bellos lugares de Tiris, evidentemente son del gran poeta tirseño Mohamed Uld Mohamed Salem Uld Abdalahi, hermano mayor del erudito y poeta Badi. Este último, gran amigo de mis padres.  

 

من ونكرات التزنيك               و انا ساكت ما كلت كيك

بي لحزيم الي اغريك                  جاني من عند اوارك

عاد امدخلني كل ظيك                  فلعين ادخول امبارك

 

محمد ولد محمد سالم ولد عبدالله               

 

A trote de Wankarat[2] a Tisznig[3]

sin mediar palabra,

absorto me preocupan

y me ahogan

las nuevas que llegan de Awarik[4].

Pero lo que aún más

de amor me ahoga

son las maravillas que desean

contemplar mis ojos en Wankarat. (…)

 

Nota: los mapas son de la web la Mili en el Sahara, militares españoles que vivieron en el territorio durante la época colonial.

Traducción recreada: Bahia M. Awah

 

[1] Un poema.

[2] Una cordillera de montes en el norte de la región de Tiris, de tierras cristalinas, finas y blanquecinas viejos escenarios de buenos tiempos para los habitantes beduinos saharauis. Su nombre es deriva de la lengua sanhaya.

[3] Monte en la región de Tiris que tiene el nombre de origen lengua sanhaya.

[4] Referente monte de la región de Tiris.

 

Cuando el verso mengua. A mamá en su X aniversario, Jadiyetu Mint Omar Uld Ali Uld Embarec Fal. (1944-2006)

أُمْـنِيّة ظـفِرَتْ روحـي بها زَمَناً   ......  والـيوم أحـسَبُها أضـغاثَ أحلام َ

Estos versos en árabe clásico los recitaba mi madre tras sus rezos y en momentos en que se hablaba de fracasos en la vida, el desamor o las tragedias humanas, como el largo exilio que vivió, la guerra o las hambrunas que escuchaba en las noticias de su inseparable receptor.

(…) Deseos con los que trencé mi alma

mucho tiempo,

y hoy los considero castillos

y sueños.

Los versos son del poeta y místico Ibn Elfarid  (1181- 1235). Fue considerado el poeta de Dios y uno de los místicos sufíes, entre los poetas de su época. Le llegaron a llamar “el poeta sultán de los enamorados”.

Mi madre sabía recitar el poema completo de escucharlo tantas veces en la radio de Nuakchot en aquellos años setenta, cuando sus emisiones llegaban hasta Auserd. También por las tantas veces que la reproducía en el pequeño magnetofón que había traído mi padre de El Aaiun en 1970, pocos días después de la sublevación nacionalista de la Organización Liberación Saharaui, OLS, contra la entonces metrópoli, la España franquista y colonial.

El poema empieza con estos versos que siguen fijos en la memoria de nuestros padres y abuelos.

نشرتُ في موكبِ العشَّاقِ أعلامي       وكانَ قبلي بُلى في الحبِّ أغلامي   

Desplegué mis banderas

al pasar la comparsa

de los enamorados,

pero en el norte del peregrino

las plumas del amor

conocieron la desdicha (…)

Para saber el motivo por el que “la maestra” recitaba estos versos tuve que preguntar a mi hermana Lehbeila. Ella ha memorizado la poesía de nuestra madre y prestaba mucha atención a lo que decía en sus años de exilio. Cuenta que nuestra madre sentía mucha necesidad de volver a sus lugares de origen, la región de Tiris, y a su gente, pero a la vez sentía que su conciencia le decía que el exilio tenía sus consecuencias y que los sueños de volver nos llevan a vagar indefinidamente con sus frustraciones.

Recientemente conversando con mi tía, la hermana de mi madre que vive en los territorios ocupados, me desveló versos compuestos por mi madre que yo nunca había escuchado, tampoco mis hermanas. Mi tía en 2003, desde los territorios ocupados, atravesó Mauritania y pudo llegar a los territorios liberados para ver a su hermana y a su madre, mi abuela Nicha. Allí estuvieron un mes juntas. Vivieron un reencuentro tras más de tres décadas de separación. Charlaron largas noches y recuperaron mucho tiempo perdido de mirarse, abrazarse, reír y a veces juntas llorar.

Mi madre estaba feliz disfrutando de la soberanía que sentía ejercer sobre una porción del suelo patrio del que fue desterrada. Y reflexionando sobre su felicidad y su fuerza para seguir resistiendo con su gente escribió estos versos con los que querría recordarla en el X aniversario de su ida sin vuelta.

Acamparon en Gleib Eshaar, situado al norte del monte Tamreiket, entre éste y el monte Tabatanet, por donde fluyen Rus Tawiniket, cauces de riachuelos que desembocan en el río Saguia El Hamra.

كافي يلعكل امن اصبر                       منو مانك متارك

تمشي من عند اكليب اشعر          شوراخيام اهل امبارك

Oh corazón,

basta ya de aguantar

pero no dejes de resistir.

Libre transitas entre

Gleib Eshaar

y las jaimas de Ahel Embarec.

Los siguientes versos los dedicó al reencuentro con su hermana. No quiso mencionar su nombre ni da pistas por temor a represalias cuando regresara a los territorios ocupados.

الطافلات الجاونا                   من منطقتنا و الهاونا

بيهم ياالله اتزدنا                       بكهولتنا و اشبابنا

 و الرجوع المواطنا                                         

Mozas nos visitan

desde la patria Oeste

y nos alegran el ama.

Dios da su ejemplo

a nuestros ancianos

a nuestros jóvenes

y Dios, que pronto todos

retornemos a nuestra patria.

 

Cuando se cumplirán en octubre diez años de su adiós, no dejo de recordar a mi madre con nuevos pasajes de su vida, que aún voy descubriendo y completan el homenaje que le realicé en “La maestra que me enseñó en una tabla de madera”.

Novedades, extractos pasajes del libro "Tiris, rutas literarias". Editorial Ultima Linea 2016

Agueinit localidad de los territorios liberados del Sahara Occidental, situada en uno de los lugares mas prestigiosos de Tiris donde se acogen tumbas de legendarios guerreros de la resistencia anticolonial saharaui contra los franceses.

 

La saharaui es una literatura rescatada en su mayor parte de la memoria oral; la fuente consultada, fiable y de reconocimiento social, son poetas, eruditos, grandes oradores y bibliografía colonial de antropólogos, geógrafos e historiadores. En este tipo de trabajo de cosecha de datos diseminados en la memoria colectiva e individual desde siglos atrás, no es fácil concluir, contrastar y conseguir la aprobación de todos. La minuciosa recogida, investigación y selección de la información vertida deja un claro espacio entrecomillado y abierto a la corrección; siempre puede haber más de una interpretación en diferente tiempo y espacio geográfico.

 

He escogido mis fuentes partiendo del carácter de una cultura que existe desde muchos siglos atrás, a pesar de la peculiaridad de ser prácticamente oral en su totalidad. Así, ha sido erosionada por el paso del tiempo y las generaciones, sin apenas registro bibliográfico ni otro archivo bibliotecario más que el humano. A lo largo de mis investigaciones me he topado en muchos testimonios con desajustes de fechas relacionadas con acontecimientos o biografías de personajes de la historia, que forman parte del corpus del libro. En cualquier caso, he intentado reflejar con la mayor exactitud posible los comentarios e informaciones que he recabado de las diferentes fuentes.

 

El lector se va a enfrentar a composiciones poéticas en hasania que no fueron creadas para ser escritas y leídas, sino para ser memorizadas y difundidas de “boca a oído” a lo largo de los años. Las composiciones más antiguas no se ubican en los géneros sobre los que se asienta hoy la poesía saharaui. Entonces se componía exclusivamente en lo que se conocía como Lbat Lekbir, “el género grande”, donde se vertía toda la poesía. La transcripción de estos poemas es en ocasiones bastante compleja, me he esforzado en hacerlo de la manera más fiel posible. También el lector puede encontrar algunas objeciones sobre la autoría de versos y poemas, casos en los que dejo la opción de un análisis con datos de referencia para que se pueda llegar a una conclusión razonable al respecto de la controversia poética.

 

En algunos versos en hasania faltan estrofas, que muchas veces son hemistiquios llamados hmer, rojos, sobre los que se compone el talaa, poema; también ocurre con la construcción de algunos de los gaf, verso cortos, que he recogido. Estos vacíos los dejo entre corchetes, indicando así la falta de una estrofa. En cuanto a la traducción de la poesía hasania al castellano he optado por la recreación literaria de los versos para hacerlos, en la medida de lo posible, comprensible y cercana para el lector ajeno a esta literatura. He recreado también versos escritos en español para que estos tengan las reglas y métricas del verso hasaní.

 

No pretendo buscar justificación al respecto de las posibles “erratas” que puedan ser vistas como simples errores. Todas las obras que forman parte de la memoria oral han sido objeto de revisiones a lo largo de su existencia; el tiempo se ha encargado de diluir y erosionar estas obras y muchos datos y testimonios. Espero que esta osadía de recoger, interpretar y traducir textos que llevan años, cuando no siglos, guardados en la memoria de todo un pueblo, resulte grata al mayor número posible de lectores y un aporte a la blibliografia y literatura saharaui.

El eco del verso saharaui en hassaniya, hasania, Bachir U. Ali U. Abderrahaman, desde los campamentos del exilio saharaui. El famoso poema anticolonial Agyeiyimat 

En el eco del verso saharaui

 

Poema del histórico poeta nacional saharaui Bachir Ali Abderrahaman en el que arengaba a la población saharaui en aquellos años setenta. El poema es muy conocido como “Talaat Agyeiyimat”, es decir El poema de Agyeiyimat[1]. Cabe destacar su temática dirigida a la población saharaui en los años setenta para levantarse contra el dominio colonial español y en contra de las pretensiones marroquíes.

 

Dice Bachir Ali: “Este poema y otros los dejé en un baúl grande donde guardaba mis escritos en nuestra casa de El Aaiun. Cuando nos sorprendió la invasión marroquí dejé todo y salí huyendo con la familia. Los marroquíes se lo quedaron todo. Ya no recuerdo el poema completo, solo estos versos, pero está en la memoria de mucha gente, si la encontráis”.

 

 

Oh, saharauis, empuñar las armas

 

Oh, habitantes del Sahara,

empuñar las armas,

hoy es ya vuestro deber

y obligación abrazar la lucha.

 

Unid vuestras manos con nuestro Frente,

el ojo que al bien nos guía,

al pueblo le reivindicamos alzarse,

porque el antagonismo

no ampara nuestro objetivo,

es quién hurga para desunirnos.

 

(…) El tiempo se nos ha ido como trashumantes

cuidando ganados, lo que no corresponde

con nuestro destino.

 

(…) Nos han esclavizado,

saquean nuestra fortuna

y nuestra tierra la reparten en fracciones.

Nuestro verdugo juega a sus anchas

con el intento de desunirnos,

no es pretexto, nuestro enemigo

odia vernos.

Y para nuestro asombro y tristeza,

desde el principio,

es el extraño quien pretende unirnos

en el mismo río a nuestro enemigo. (…)

 


[1] Montes del sur del Sahara Occidental conocidos por una batalla contra la legión franquista que había librado los primeros guerrilleros del Frente Polisario contra el Tercio español. 

El escritor Bahia M. Awah realiza en el Parque del Retiro de Madrid una charla sobre la literatura e historial del Sahara Occidental con estudiantes de la  Florida Gulf Coast University, USA

En 2014 fui invitado a la Universidad de Minnesota, al norte de Estados Unidos, por la profesora Michelle Hamilton del Dpto de lenguas hispano-lusas a unas jornadas sobre la literatura e historia del Sahara Occidental. Allí conocí a la profesora Marianela Rivero a quien, durante mi estancia en Minnesota, le hablé de la situación del proceso de descolonización del Sahara Occidenal, la ocupación marroquí a parte del territorio y sobre la literatura que producimos los escritores saharauis en español como aporte para dar a conocer la cuestión descolonización del Sahara Occidental, su historia, su literatura y la lucha de su pueblo. Aquel contacto tuvo como primer fruto el formidable trabajo de Marinela en el artículo “Voces saharauis de libertad: La poesía de Zahra el Hasnaui y Salka Embarek”, basado en el trabajo de las dos escritoras saharauis en la antología “La primavera saharaui: escritores saharauis con Gdeim Izik”, publicado por la Revista de estudios literarios Espéculo de la Universidad Complutense de Madrid a finales de 2014.

Nela, como le llaman sus alumnos, está estos días en Madrid con un grupo de estudiantes pero pero ahora ha cambiado el norte por el sur de los Estados Unidos, en concreto Florida, acompañada por la profesora Marta y un grupo de estudiantes con inquietudes sobre los procesos sociales y de injusticia que vive nuestro mundo.

Hace unos meses Nela me escribió desde su universidad para que organizáramos durante su visita a Madrid una charla con sus estudiantes sobre el tema del Sahara Occidenal y de la literatura que escribo en varios géneros acerca de nuestra cultura e historia. Para ello nos reunimos en el pulmón verde de Madrid, el Parque del Retiro, y bajo la sombra de sus centenarios arboles compartimos casi dos horas de charla entre amigos, estudiantes, profesoras y escritores. Me acompañaba la escritora Conchi Moya conocedeora de nuestra historia y estudiosa de nuestra literatura saharaui.

La profesora me comentó que los estudiantes tenían nociones sobre el Sahara Occidental porque ella les había hablado del tema. Sabían de mis libros, de mi poesía y de mi activismo como exiliado y en Europa. En este tipo de charlas trato de huir del monólogo y su formalismo porque aburre y aisla a los sujetos. Y partiendo de esa manera de diálogo tuve una amigable charla con estos jóvenes estudiantes, amalgama de afrodescendientes, latinos, europeos, como no podría ser de otra forma gracias a la rica configuración de raza humana de los Estados Unidos de América. Muchos temas estuvieron presentes, la historia colonial del Sahara Occidental, su configuración afro-arabe-hispana, la poesía, el proceso de descolonización, la ocupación marroquí al territorio, los saharauis y el mundo hispano, la solidaridad, la política de los Estados Unidos con la cuestión saharaui, la postura de los sucesivos gobiernos de España al respecto, los movimientos solidarios españoles con el pueblo saharaui, el Sahara y su proceso ante los gobiernos y pueblos de Europa…

El interés de los estudiantes en la cuestión saharaui se ha quedado reflejado en sus múltiples preguntas y reflexiones: ¿cómo nosotros desde Florida podemos contribuir para ayudar al pueblo saharaui en su lucha?; ¿cómo es la vida de los refuigados saharauis en los campamentos?; ¿por qué España ha creado este problema a los saharauis?; ¿por qué su indiferente postura al respecto?; ¿por qué Marruecos ocupa el territorio?; ¿por qué los escritores saharauis no podemos escribir nuestra literatura desde el Sahara Occidental?; ¿se estudia el tema del Sahara en los colegios y universidades españoles?. La escritora Conchi Moya, presente en el encuentro, les apeló que “la mejor manera de ayudar a los saharauis desde las universidades es la de hablar de ellos y difundir su causa a través de las redes sociales cuando el territorio saharaui ocupado está vetado a la prensa y a los obsevadores internacionales”. También les explicó que en el sistema educativo español el tema del Sahara está “desaparecido” en colegios e institutos, y sí empieza a estar cada vez más presente en estudios universitarios gracias al interés de profesores e investigadores que sí empiezan a inclusión del Sahara en sus clases y seminarios. Observó que se debe al bloqueo sobre la cuestión saharaui por parte de los diferentes gobiernos españoles desde la Transición.

Finalizada nuestra charla los estudiantes y sus profesores se interesaron en adquirir algunos de mis libros que exponen varias casetas en la 75 edición de la Feria del Libro de Madrid y juntos hicimos con ellos un divertido recorrido por la feria. Se detuvieron en la caseta nº 6 de la Librería Balqis, de Casa Arabe, donde pudieron adquirir algunos de mis libros, “Tiris, rutas literarias” y “Versos refugiados”. Y entre firmas, fotos juntos, comentarios sobre la charla, el agradable ambiente de la feria y abrazos nos despedimos contando con ellos como nuevos embajadores de la causa saharaui en la Universidad de Florida.

Acabo de recibir de Nela un día después de nuestro encuentro un comentario que dos estudiantes, abrumadas por el compromiso y la charla sobre el pueblo saharaui y su causa, publicaron en su muro de Facebook este reflexivo comentario de apoyo, que traduzco al español: “Hoy en la clase tuve la oportunidad de conocer a Bahia Mahmud Awah en el parque y charlar sobre el problema del pueblo saharaui, del Sahara Occidental. Fue una experiencia reveladora y un ejemplo con un corazón increíble. Estoy muy agradecida a que nos haya iluminado sobre este tema y ayudado a comprender la importancia de concienciar con la difusión del problema del Sahara Occidental".

San Mao (Chen Ping) la clásica voz literaria del Sahara Occidental en la cultura china

“No me preguntes de dónde vengo. / Mi origen es muy lejano. / ¿Por qué vagabundear tan lejos?”. (El Olivo, San Mao)

Reza el proverbio saharaui الظال ما اله ݣمن “El camellos extraviado estará donde menos esperes”. Es decir, cuando estás buscando un camello perdido, los caminos para hallarlo son impensables de deducir. Llevo varios años sumido en el mundo de la investigación sobre la cultura oral saharaui, a veces, como en nuestro refrán arriba citado, sin tener claro adónde me llevarán las pesquisas y líneas de investigación. El proceso de descolonización del Sahara Occidental y su historia pre y postcolonial es una galaxia de acontecimientos y cósmicos personajes dispersos en muchos y raros registros de la literatura universal.

A principios del año 2014 estuve impartiendo una clase de antropología social en la Universidad Autónoma de Madrid, en el marco del curso “Exilio y modernidad en España y América Latina en el largo siglo XX, caso el proceso de descolonización del Sahara Occidental”. Se trataba de una serie de conferencias que se dan para estudiantes del máster de Pensamiento Español e Iberoamericano. El proceso histórico del Sahara Occidental era un punto de convergencia en este marco de pensamiento español e iberoamericano, por sus peculiaridades.

Abordando este tema, les pregunté a unos estudiantes chinos de la clase que si en su país la gente sabía del Sahara Occidental y su historia colonial. Y la respuesta fue de lo más sorprendente cuando me hablaron de una obra muy popular en Taiwán, República de China, “Cuentos del Sahara Occidental” de San Mao. Los estudiantes me contaron que el libro es una obra considerada clásica en su país. Tomé nota del nombre de la escritora taiwanesa San Mao y emprendí la búsqueda para informarme sobre la vida y obra de la escritora. Inicie dos vías de investigación centrándome en su obra y en su relación literaria con la cultura e historia del Sahara Occidental.

Una de las primeras pistas que encontré fuera de aquellas revelaciones de los estudiantes, fue de un bloguero llamado Alvaro Rizzo, que escribe interesantes artículos sobre Japón, Corea y China. Este bloguero escribía sobre esta escritora china: “Hace 40 años llegó, a la entonces provincia del “Sahara Español”, una mujer enigmática que buscaba la realización de su vida y obra literaria. Gracias a ella en China se conoce al pueblo saharaui, así como uno de los momentos que más marcaron su historia: la descolonización española y la Marcha Verde marroquí”.

Pero siguiendo la filosofía beduina saharaui en este pasamiento que dice لخبار احلو اللا من فم ملها “la información brilla más cuando llega de la boca de su autor”, pensé en un amigo a quien siempre he considerado bien documentado sobre ese periodo colonial que vivió el Sahara Occidental, el intelectual saharaui Bachir Ahmed, “el canario”; integrante de aquella generación de universitarios saharauis de los años de la metrópoli, conocida como Generación del 73 Saharaui. Bachir vivía entonces en la ciudad de El Aaiun y conoció muy bien la convulsa vida de aquella ciudad de los años setenta.  Y en una conversación que tuve con él a propósito del tema me dijo: “Sí que recuerdo a aquella joven china que estuvo viviendo en El Aaiun en los años setenta, claro que sí. Nos llamaba la atención su oscura y lacia melena que dejaba ondear sobre sus hombros cuando salía a pasear por la calles de la ciudad. Me fijaba mucho en ella, pero nunca tuve la ocasión de hablarle. Sí sabía que su marido trabajaba en la empresa de fosfatos, Fosbucra”. Investigando para hallar más información obtuve similares revelaciones de otros integrantes de esa generación de Bachir. Pero nadie sabía de su condición de escritora ni de su convulsa y fascinante vida, que tanto centró en conocer el Sahara Occidental y su cultura.

El rastreo de información me llevó a Francisco Javier Feliú, un amigo del pueblo saharaui que vivió en El Aaiun en los años setenta y trabajó en la empresa Fosbucra. Me dijo que tuvo poco contacto con San Mao, pero me confesó este testimonio: “Lo único que puedo apuntar es que era de una educación exquisita y una forma de ser que llamaba la atención a cualquiera”. Este amigo aaiunero español contaba que tuvo más contacto con su pareja, Jose Maria Quero; me explicó que trabajaba en la empresa Fosbucra y que se dedicaba como submarinista, con otros cuatro o seis compañeros, a sumergirse en el agua para vigilar los pilotes que sustentan el muelle de carga de fosfatos donde atracaban los barcos que exportaban estos yacimientos al exterior. Feliú algo más atento que los saharauis en su manera de llamarle la atención aquella joven china, me decía que la recordaba con una mirada escrutadora que daba la impresión de que se estaba empapando de todos los detalles que iba experimentando dentro de la sociedad saharaui. Y contaba que en muchas ocasiones la veía sacar su libreta y tomaba algún que otro apunte. Un dato tan preciso que cuando empecé adentrarme en su biografía me dio entender la precisión con la que la describió Francisco Javier Feliú. Su testimonio concluyó escribiéndome acerca de esta escritora, “Fue una mujer muy feliz durante todo el tiempo que estuvo en Sahara Occidental”.

Mi instinto es totalmente de beduino y por mi naturaleza no soy de mucho hablar, prefiero escuchar y esperar el momento idóneo que me corresponde para hablar o actuar con prudencia.  Mi mente muchas veces viaja en el tiempo en busca de lo que quiero saber sin extralimitarme. No creo en las fronteras que me impiden acceder a algo que necesito saber con precisión cuando estoy investigando acerca de algún acontecimiento. En la universidad, en varias ocasiones me acerqué a estudiantes chinos en las cafeterías y en los pasillos para preguntarles si conocen el Sahara Occidental y a través de quién. Y siempre me encontraba con la misma respuesta: “Cuentos del Sahara de San Mao”.

Mi vecino chino, que por residencia española se llama Martín, tiene un establecimiento comercial y diariamente me cruzo con él y su familia y nos saludamos. Un día quise saber hasta dónde esta escritora podía ser conocida entre los chinos residentes en España. Martín, al preguntarle sobre la obra, me comentó que sí conocía “Cuentos del Sahara Occidental” de San Mao. Y que cuando era niño, en la República Popular de China leía a escondidas esta obra de San Mao, porque entonces estaba casi prohibida, mientras que en Taiwán era lectura obligatoria. Ese dato de la prohibición me intrigó y le di vueltas para hallar la incógnita que encerraba en sí. Recordé que a finales de los años setenta vi pasaportes de la metrópoli que portaban los saharauis en aquella época del dominio colonial español, en los que en la primera página se advertía nombres de varios países que los saharauis no podían visitar y entre ellos estaba China, por ser un país comunista. El Sahara Occidental y los saharauis vivían entonces bajo el dominio franquista. Entiendo que esa sería la razón por la que la obra, “Cuentos del Sahara Occidental” estaba prohibida en la China continental.

San Mao, la voz literaria del Sahara Occidental en China, nació en Chongqing, centro-sureste de la China continental, el 26 de marzo de 1943. Su padre era un abogado llamado Chen Siqing y su madre se llamaba Miao Jinlian. San Mao, tras la esmerada educación recibida de su familia, a los cinco años había sido capaz de leer la famosa y monumental novela oriental, considerada una de las obras maestras de la literatura de China, “El Sueño del Pabellón Rojo” de Cao Xueqin. En un periodo especial de su educación sus padres, Miao y Chen, se convirtieron en sus profesores. Su madre le daba clases de piano y pintura, mientras que su padre lo hacía enseñándole inglés y descubriéndole obras literarias inglesas.

Esta formación en casa, supervisada por sus padres, dio sus primeros resultados cuando en 1962 presentó su primera obra: “Puzzle”, un artículo de ensayo filosófico sobre el individuo, que causó sensación y que le sirvió para ser aceptada en el Departamento de Filosofía de la Universidad de la Cultura China en Taipei. Y fue en ese momento cuando tomó el apodo de “San Mao” pseudónimo escrito en chino de esta forma: 三毛 y significa literalmente “Tres Pelos”, nombre de un personaje chino de tebeos que relataba las aventuras de un niño pobre que tenía tres pelos en la cabeza, y cuya difícil vida se desarrolló vagando por el mundo en busca de oportunidades.

Rebuscando datos sobre San Mao encontré que en 1973 se fue a vivir en El Aaiun con su pareja, el español José María Quero, con quien se casó en el Ayuntamiento de la capital saharaui aquel mismo año. Durante sus primeros meses de vida en El Aaiun Maoping Chen o también Echo se mostró muy cauta y reservada, sin relacionarse apenas con los vecinos, pero a medida que fue transcurriendo el tiempo se fue integrando cada vez más en la sociedad saharaui, una conexión que fue preludio de sus primeros estudios sobre la cultura del Sahara Occidental. Al rotativo taiwanés “Taiwan United Daily News” le impresionó la historia de San Mao, una mujer china viviendo en el Sahara Occidental. Le contactaron y le pidieron que escribiera una serie de artículos en los que contara sus experiencias en el Sáhara Occidental. La solicitud del famoso periódico le desbordó de satisfacción y comenzó a enviar artículos, relatos y ensayos, que recopilaría en 1976, publicando la que sería su obra maestra: “La historia del Sáhara” (撒哈拉历史), libro que se convirtió en uno de sus primeros grandes éxitos como escritora y en poco tiempo un éxito de ventas entre los jóvenes de Taiwán y China y que es hoy una obra clásica y de culto sobre la excolonia española.

Un mes antes del fallecimiento de Franco, en octubre de 1975, Marruecos comenzó la llamada ‘Marcha Verde’ en la que miles de marroquíes fueron enviados hacia las fronteras del territorio, proclamando el Sáhara Occidental como parte de Marruecos. En realidad detrás de esa “marcha pacífica” el ejército marroquí irrumpía con violencia bélica en el territorio saharaui, iniciando una ocupación que persiste cuarenta años después.

La presión marroquí y la debilidad de España llevaron a la metrópoli al abandono del territorio ni permitir a los saharauis ejercer su derecho a la independencia. España comenzó a evacuar a sus ciudadanos a la península y a las islas Canarias. Entre aquellos repatriados se hallaban José María y San Mao, quienes se instalaron en Tenerife en febrero de 1976. Cuatro años después, el 30 de septiembre de 1979, se produciría un fatídico hecho que marcaría de por vida a la escritora. Ese año, durante la Fiesta de la Luna en China, su marido José Mª se dispuso a hacer una de las muchas inmersiones que había realizado por trabajo en El Aaiun y posteriormente por hobby en La Palma, pero ese día algo salió mal debajo del agua y se produjo la tragedia: A la edad de 27 años, su pareja murió ahogada por un accidente de submarinismo. Se tiene constancia, según cuenta el bloguero Alvaro Rizzo, que tras la muerte del marido de San Mao su hermana Chen Tian arribó a la isla para acompañarla y ayudarla a enterrar a su marido, junto a sus padres y que tras el funeral, para no seguir sufriendo, abandonó la isla para regresar a Taiwán a principios de 1980 “en busca de olvido y apoyo familiar”, según cuenta Rizzo.

Al poco tiempo de su llegada le visitaron los editores del Taiwan United Daily News y le plantearon viajar a Latinoamérica, desde donde tenía que escribir artículos para el rotativo. La escritora aceptó la oferta de trabajo, con lo que tal vez buscó evadirse de su dolor. A su regreso a Taiwán, en mayo de 1982, publicó dichas experiencias y accedió a un puesto de profesora de lengua y literatura china en la Universidad de Taipei.

Según algunas bibliografías el 4 de enero de 1991 San Mao fue ingresada en el Hospital de veteranos de Taipei a causa de una hiperplasia endometrial, que ese mismo día le causó la muerte; una muerte que según varias versiones sucedió en confusas circunstancias.

Mi curiosidad por saber de buena tinta la obra de esta gran escritora me llevó a pedir a estudiantes chinos, a los que di clase en mi universidad, que me felicitasen algún ejemplar de su obra en chino y efectivamente pude conseguirlo. Pero para descifrarlo tuve que coger algunos textos e intentar traducirlos y el descubrimiento de estas historias que escribía San Mao fue emocionante. He querido reproducir estas líneas del preámbulo de la obra y que dicen:

三毛作品中最脍炙人口当属《撒哈拉的故事》,本书由十几篇精彩动人的散文结合而成,其中《沙漠中的饭店》,是 三毛适应荒凉单调的沙漠生活后,重新拾笔的第一篇文章,从此之后,三毛便写出一系列以沙漠为背景的故事,倾 倒了全世界的华文读者。  

“De las obras de San Mao la más popular fue, sin duda, la "Historia del Sahara", un libro que combina más de una docena de emocionantes y conmovedores relatos, incluyendo "Hotel del Sahara”. San Mao, adaptándose a la monotonía sombría de la vida en el Sahara, recogió con su pluma un primer artículo y desde entonces, escribiría una serie de cuentos saharauis como historia de fondo, que se ha convertido en objetivo de lectores chinos en todo el mundo (…)”. Me ha conmovido el titulado “El camello que llora”, y cómo San Mao relata las confesiones de sus amigos saharauis, que preveían que iban a ser traicionados por España. 

La escritora canaria Susy Alvarado me comentó que la tumba del hombre que lo fue todo para San Mao, Jose María Quero, a quien ella llamaba en chino, He Xi, (荷西), “Loto del Oeste”, hoy es objeto de peregrinación de miles de turistas chinos en el camposanto municipal de Santa Cruz de La Palma. Y sintetizando esta gran obra de San Mao decía el bloguero Alvaro Rizzo, en su bitácora “Oriente Jondo”: “Este éxito se debió en gran parte gracias a las descripciones de los lugares que reflejaba en sus obras: El enigmático y bello Sahara, su gente, sus costumbres…”. Con estos “Cuentos del Sahara”, con los que homenajeó el que fuera su paraíso el Sahara Occidental, San Mao ha alcanzado la inmortalidad. Como saharauis, toda nuestra gratitud y recuerdo a esta gran autora china, que ya forma parte de nuestra historia.

África: los antecedentes del compromiso contra el dominio colonial son el compromiso de la Ecole Normale Superieure de Gabón con el Sahara Occidental

Siguiendo estos días el impacto humano del flujo de exiliados que van huyendo con sus tragedias empujados por la guerra en el Medio Oriente y en el cuerno de África, reflexioné sobre dos temas, la condición “exilio” y el compromiso de los pueblos africanos con el pueblo saharaui. Esta última reflexión se basa en un mensaje y una foto que recibí de unos amigos universitarios gaboneses en el que me ratificaban su compromiso con la lucha del pueblo saharaui. La palabra exilio es una expresión que nuestra humanidad ha introducido en su jerga de poder para definir a los que fuimos ilegalmente expulsados y desposeídos de nuestro hogar y nuestra tierra. No siendo esta expresión, exilio, más que la acepción que define el fracaso y la incapacidad de liderazgo de los poderes que dirigen nuestro mundo. A estos seres humanos que van huyendo de la muerte, y que me han hecho revivir mis pasos de niño en mi éxodo buscando cobijo, les dejo constatar mi profunda solidaridad y sentir hacia su suerte.

¡Humanidad!, ¿ante estos dramas, adónde nos refugiamos los desposeídos y desterrados? Los pueblos expulsados de sus tierras nos hemos convertido en literatura. Y hacemos esta literatura cuando hablamos de nuestras luchas y las consecuencias que nos acarrea. Nuestros recuerdos son igual que los del primer mundo, tras vivir la I y II Guerras Mundiales, la esencia de la muerte y la destrucción, el iniciar el éxodo hacia un lugar seguro. Esas son las amargas vivencias que el Primer Mundo experimentó, que debería de lección magistral para no volver a caer ni dejar de sentir humanidad ante semejantes injusticias.

En marzo de 2013 participé en el “Congreso Internacional Virtual: El afro-hispanismo en África, África en el afro-hispanismo”. Un evento académico internacional organizado por las universidades de Guelph, Ontario (Canadá), y la universidad de Ghana. El encuentro me posibilitó conocer  varios académicos del mundo universitario de África, Latinoamérica y Europa; fue un sugestivo encuentro sumamente fructuoso en su dimensión humana y académica, con el propósito de abrir camino hacia un mundo afro hispano sin fronteras. En ese congreso conocí a dos magníficas  profesoras, la ghanesa canadiense, Dorothy Wellington, una de las organizadoras y docente en la universidad de Guelph y la ponente gabonesa Veronique Okome, profesora de Conferencias Lengua y Cultura del Mundo Hispanófono y Directora del Centro Africanista de Estudios del Mundo Hispano Luso de la Ecole Normale Supérieure de la Universidad de Gabón. 

Al haber vivido y experimentado el éxodo como huida hacia el exilio, he leído mucho sobre este fenómeno. Recuerdo una cita del escritor sueco Henning Mankell en la que decía “Nuestras organizaciones en el exilio han sido una especie de sustituto de las ciudades y los pueblos que nos vimos obligados a abandonar”. Y aquí no quiero pensar en aislados guetos, más bien en organizaciones de comunidades, asociaciones de escritores, culturales y de derechos humanos.

El caso nuestro, los saharauis desde siempre hemos llevado a África en el corazón, porque sin su cultura tan arraigada entre nosotros y el pensamiento de sus históricos lideres contra el dominio colonial, como Patrice Lumumba, Oliver Tombo, Kwame Nkrumah, Mandela, Boumediene, Julius Nyerere, Amílcar Cabral, Agostinho Nheto, no nos hubiera sido posible encarnar el ideal anticolonial y sublevarnos contra todos sus múltiples tentáculos contra los que aún seguimos luchando, como último pueblo de África que padece esta lacra de ocupación extranjera y dominio neocolonial.

En los años setenta, siendo niño, inicié mi éxodo huyendo de la guerra, lo que más adelante hizo que entendiera con claridad esa terrible condición del destierro y el exilio y sobre la que decía Luis Leante, premio Alfaguara 2007, amigo y prologador de “El sueño de volver”: “No conozco una palabra más terrible que “exiliado” para referirse a la condición de una persona”. Recuerdo que en el internado donde estuvimos cientos de niños en el norte de Argelia tarareábamos una canción revolucionaria saharaui de aquellos años que decía: “Nuestra causa es africana y esta tierra del Sahara está invadida”. ¿Era entonces un mensaje a África, la cuna de nuestra humanidad? Con esta canción yo entendía que estaría despojado de mi hogar pero me encontraba bien acogido por África, por lo que no sentía que estuviéramos solos. Posiblemente sin este pensamiento que adquirí con mi generación y a una edad muy temprana, no me hubiera sido fácil identificar la buena suerte que nuestra lucha adquirió al ser apoyada por los pueblos africanos.

En el año 1998 el ghanés Kofi Anan, entonces Secretario General de la ONU, visitó  los campamentos de refugiados saharauis. Recuerdo una pancarta colgada frente una jaima negra tradicional saharaui que decía: “Kofi, África needs you”, y esa África indudablemente también es el Sahara Occidental. Nuestro sentir por el africanismo nos mueve como nos lleva el ritmo de tambor africano que está latente en nuestro ser. Ante los ojos de los africanos nuestra lucha, la de los saharauis, es la del pueblo palestino ante el mundo árabe. En 2014 tuve la suerte de conocer en persona y escuchar al histórico líder sudafricano del ANC, Andrew Mlangeni, compañero de celda de Nelson Mandela, cuando este visitó los campamentos de refugiados saharauis durante el XII FISahara, dedicado a Mandela. En un mitin se dirigió a la población con estas palabras, propias de un líder que arenga a sus seguidores a ganar su lucha: “Veo muchos periodistas y fotógrafos en este tipo de eventos, pero nunca lo vemos luego reflejado en los medios” y más tarde sentenció: “Los saharauis han de estar muy agradecidos a Argelia por haberles dejado este lugar; como nosotros agradecimos a Tanzania que nos dejara un cachito de jungla desde donde pudimos organizar nuestra lucha (…) Los saharauis conquistarán su libertad, y si no ellos, sus hijos”. Palabras de compromiso que reflejan el sentir de toda África hacia la causa saharaui. También conmemoró esa batalla de la historia que libraron muchos pueblos africanos ante el dominio colonial, y recordó su exilio en Tanzania: “Allí pudimos cortar árboles para hacer casas y sembrar comida para sobrevivir, pero los saharauis están en este lugar de mucha dureza y sufrimiento y sin embargo han sabido sobrevivir”. Sí, es cierto que hemos resistido y continuado porque África está ahí presente con nosotros.

Creo mucho en el poder de hacer muchos frentes, de una literatura que emana del compromiso más que la destructora expresión de las armas, sea como fuera su resultado final. Aunque esta indeseable vía bélica, muchas veces es el único lenguaje que les queda a los pueblos para derrotar a la injusticia. El poder inmaterial de la literatura en todas sus facetas es uno de los lenguajes ante el que inevitablemente sucumbirán los que nos echaron y nos sometieron a esta condición de exiliados, desterrados y refugiados. Durante el inicio de la invasión marroquí al territorio saharaui en 1975, un periodista de habla inglesa preguntaba al entonces rey marroquí Hasan II cómo reaccionaría el monarca si los saharauis tomaran las armas contra la “Marcha Verde”. El déspota respondió, vacío de sentimientos humanos y subestimándonos: “¡Nos los comeremos!”. Tres décadas fuimos indigestos para él, y ya lleva otra padeciendo su hijo nuestra determinación. Nadie podrá someternos.

En la Ecole Normale Superieure, ENS de la Universidad de Gabón, tengo amigos gaboneses a quienes su profesora de filología española, Veronique, les introdujo en su plan de estudio la literatura saharaui escrita en español y adquirió algunos de mis libros, como “El sueño de volver”, obra en la que repaso la historia de aquella irrepetible generación anticolonial del 73 saharaui; “La maestra que me enseñó en una tabla de madera”, libro dedicado a mi madre y maestra Jadiyetu, y “El porvenir del español en el Sahara Occidental”. A través de la red pude desarrollar varios encuentros virtuales con estos estudiantes que me llevaron a recordar cómo en las universidades de las metrópolis y colonias de aquellos años se formaron carismáticos dirigentes africanos de los años sesenta y cómo espolearon la conciencia de sus pueblos y se sublevaron contra el colonialismo y sus doctrinas. Este verano recibí un correo de mi amiga la profesora Veronique en el que me informaba que venía a Madrid para impartir una conferencia en la Universidad de verano en el Escorial sobre la Cultura y Sociedad africana, a la vez que me confesaba que traía una carta de sus alumnos que habían leído mis libros.

Una vez más percibí que los saharauis tenemos ganada nuestra causa y que estos pueblos no nos van a fallar en nuestra lucha, que se acerca a su final. La carta no ha podido ser más cercana y original, era una foto de los estudiantes posando frente a su centro universitario, y en el dorso me dejaban el siguiente mensaje: “¡Hola hermano Bahia! Nosotros estudiantes de la E.N.S de Gabón le saludamos con respeto. Su obra maestra “El sueño de volver” nos ha encantado. La causa saharaui que defiende es nuestra. Quizás un día más pronto se realice, por la gracia de Dios. Saludos cordiales”.

Al respecto prometí responder a estos amigos y hermanos africanos de nuestra causa de forma abierta y para ello me he basado en aquellos antecedentes históricos que en los años sesenta protagonizaron otros jóvenes como ellos en todo el continente africano, hechos que he podido absorber de niño y otros sacados del libro “El largo camino hacia la libertad”, la autobiografía de Nelson Mandela. Estoy seguro que estos estudiantes gaboneses no van a defraudar el compromiso de sus antecesores y para ello me valgo de este proverbio saharaui que reza: “traicionar el compromiso está en manos de quien en casa se ha quedado”.

Y aquí hago mío el pensamiento y lo traslado a todos los mundos universitarios africanos y sobre todo a los que fueron colonias francesas y les recuerdo que el Sahara Occidental está registrado en el Comité de Descolonización de los 24 de la ONU como uno de los 16 territorios no autónomos que faltan por descolonizar en el mundo y el único en África. Sed fieles ante el compromiso con vuestro hermano pueblo saharaui por el que un día la Historia os juzgará. El valor humano de los pueblos en cualquier balanza que se pese, caerá siempre a favor de la razón como el presentimiento y muestra de apoyo que hicieron en su carta estos compatriotas gaboneses cuando me decían “Quizás un día muy pronto se realice” el sueño del pueblo saharaui. Y esta lucha queridos amigos es un amor que quien lo haya probado lo sabe. Dios mediante, en este compromiso con el pueblo saharaui y la historia de nuestras luchas nos dejó muchos ejemplos como esta cita de la despedida de Lumumba a su esposa Pauline y a los pueblo africanos que escribió en 1961 dos semanas antes de ser asesinado: “La historia dirá un día su palabra, pero no será la historia que se enseñe en Bruselas, en París, en Washington o en las Naciones Unidas: será la que se enseñe en los países liberados del colonialismo y de sus títeres. África escribirá su propia historia, de gloria y de dignidad, al norte y al sur del Sahara”.

Los días que estuve buscando la tumba de Hanafi Uld Mohamed Chej y huellas de la Generación del 73 Saharaui.

Con el afán de saber sobre aquella irrepetible juventud, llamada “Generación del 73 Saharaui” Inicie mis trabajos de investigación primero desde Madrid, pasando por residencias y colegios mayores de diferentes compus de la Complutense, lugares donde empezaron sus inconclusos estudios todos aquellos jóvenes saharauis de los años setenta. Un trabajo que me llevó a publicar “El sueño de volver”.

 

Posteriormente tras varios encuentros e intercambios de correos  con algunos componentes de aquella juventud pude llegar a una similiar conclusión que encontré reflejada en el pensamiento de Nelson Mandela, cuando hablaba de su pasado pasado y decía, “Especialmente para aquellos de nosotros que vivimos en celdas individuales, tenemos el tiempo para sentarnos y pensar, y descubrir que sentarse simplemente a pensar es una de las mejores formas de mantenernos frescos y capaces, de ser capaz de encarar los problemas y de examinar nuestro pasado”. Esta reflexión “El sueño de volver” la hice encarando el olvido, rebuscando en el pretérito y caminando hacia el futuro.

 

Hoy recuerdo que aquel  periplo que hice hace siete años tras  las imborrables huellas que dejó aquella  comprometida generación, me llevó a los campamentos de Refugiados Saharauis en Tinduf buscando en viejos cementerios  anónimos nombres registrados que han podido resistir la erosión de cuarenta años cincelados en resistentes lapidas del exilio. Y por ello creo que ejercer esta memoria para poder entender el curso de nuestro futuro, es buscar lo relevante que hemos dejado en la memoria del pasado.

 

En  la foto indicada arriba, fue uno de aquellos día que iba en busca de los cementerios del exilio en Rabuni donde en paz descansa Hanafi y otros correligionarios de su generación. 

 

Desde Nueva York. “La poesía fortalece la resistencia popular y proporciona eslóganes comunes”

Hace unos años atrás que he conocido a través de nuestra literatura saharaui y su extensión por el mundo hispano a un lingüista y traductor neoyorkino llamado, Joseph Mulligan. Sin mi verso y el de varios poetas saharauis en lengua castellana y hasania, posiblemente no hubiera sido posible esta ocasión. Y a propósito, recuerdo ahora que hace unos ocho años, en la cafetería de Círculo de Bellas Artes de Madrid un dirigente saharaui con el que estuve conversando y tomando un café junto a mi amiga la filóloga y poetisa saharaui Zahra Hasnaui, nos dijo:

 

– Habéis llevado nuestra causa con vuestro verso al mundo universitario norteamericano, y esto a nosotros los políticos nos allana el camino.

 

Mulligan me escribió de Nueva York hace unos dos años y me propuso que hiciéramos juntos una antología poética bilingüe, que englobara versos de varios poetas saharauis en castellano. Pusimos manos a la obra, y la iniciativa se encaminó y me sorprendió por el nivel de implicación de este lingüísta norteamericano, quien me pidió que le hablara del debate poético de Salama Uld Eydud y Yedehlu Uld Esid.

 

No hace mucho que me escribió y, tal vez inspirado por toda la información que le había facilitado sobre la literatura saharaui en hasania y sus protagonistas más relevantes, me dijo:

 

– Bahia, estoy aprendiendo el árabe para poder acceder y traducir el verso de hasania.

 

Acabo de recibir un sorprendente poema que no es más que el reflejo del propio Joseph como lingüista, tal vez para decirme, tal y como he creído siempre, que la historia del verso saharaui no tiene fronteras y tiende al infinito en su espacio. Y como dijo el difundo Mahmud Darwich “la poesía puede ser considerada como demasiado débil, un juguete que se arroja contra los rifles, pero a menudo es tan buena como la dinamita, cristaliza posiciones políticas mediante líneas que, memorizadas por los viejos y los jóvenes, fortalece la resistencia popular y proporciona eslóganes comunes”. Pienso que el gesto que se hace incondicionalmente hacia otros, hecho en verso, es el mejor homenaje solidario y fraternal. Y no puedo apropiarme del agradecimiento a nuestro amigo Joseph Mulligan porque es patrimonio de todo el pueblo del Sahara Occidental.

El poema está inspirado en un largo talaa del clásico Salama Uld Eydud que enviaba a Yedehlu Uld Esid, y que iniciaba su gaf con:

 

كول الجدأهلو عن مسحوب         ذ الوكر الي يشرح لكلوب

من تيشية لين المحجوب                     للكتم لعكيدت ديان

(...)

Díganle a Yedehlu que esta morada

que limpia el alma es todo agua,

desde Tishia hasta El Mahyub,

del Guetma al pozo Deyan. (…)

 

Díganle a Bahia

Díganle a Bahia que traduzca más poesía:

no le hace falta ningún Bayt al-Hikma [1]

para que cante en castellano un galb [2] de Beibuh [3]

un talaa [4] de Badi [5] o legtaa [6] de Salama [7] y Yedhelu,

Y si es olvidón, recuérdenle que la biblioteca

de Chej Malainin [8], incinerada por ignorancia,

solo se reconstruirá con el fuego de la lengua

y llamas bastantes encontrará en la garganta.

Y si se anima a traducir, que no olvide ser poeta

antes que traductor, y antes que poeta es menester

ser bauaha[9], pues cada poema es agua dulce

que se toma bajo la sombra de una acacia.

 

Bahia Mahmud Awah

 

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[1] Bayt al-Hikma, hice referencia a la Casa de Sabiduría de Bagdad de la época de los Abbasid, donde los famosos traductores produjeron versiones árabes y asirias de los textos filosóficos de la antigua Grecia.

[2] Montaña y también dícese al corazón.

[3] Destacado poeta nacional saharaui nacido en el siglo XX

[4] Poema en hasania.

[5] El decano de los poetas saharauis en hasania. Badi Mohamed Salem, erudito y poeta.

[6] Debate poético surgido en la literatura saharaui entre los años 1936 al 1974 protagonizado por tres grandes clásicos saharauis en hasania.

[7] Clásico poeta saharaui autor de la 3ª Edad de Oro en la literatura saharaui junto a Yedehlu, Rayel Uld Emboiric, Beibuh Hach y Mohamed Uld Abdalahi.

[8] Erudito y teólogo saharaui anticolonial, fundador de la ciudad de Smara (1830- 1910)

[9] Buscador del agua en el desierto a lomo de camello.